Podría decirse que Mallorca tiene dos caras bien diferentes, la del turismo estival de sol y playa un tanto masificado, y otra menos conocida, la Sierra de la Tramontana, un paraiso montañoso situado al norte de la isla. Las cumbres de esta formación caliza, que es prolongación de la Cordillera Bética, alcanzan los 1.400 m y forman una sierra vigorosa y seria que sorprende al senderista y al montañero peninsular (no tanto a los centroeuropeos, que descubrieron hace tiempo esta maravilla).
Una bien conservada red de caminos tradicionales, empedrados y flanquedos en piedra seca con el buen oficio de los margers, unen pueblos entre sí atravesando bosques de encinas y alcornoques, cuyo brumoso aspecto invernal les confiere cierto misterio. Otras veces se adentran en los barrancos más inaccesibles o se asoman a empresionantes acantilados sobre el mar, como los caminos que ordenó construir el archiduque Luís Salvador de Austria (l'Arxiduc) sobre la costa de Valldemossa y Sa Foradada.
Caminar por la Tramontana es caminar por un continuo contraste paisajístico. Naranjos y olivos centenarios, pueblos encantadores como Deiá, Valdemossa o Fornalutx, y calas increíbles como las de Sa Calobra, Tuent, Cala Deià y otras remotas y escondidas que nos saldrán al paso.
El Santuario de Santa María de Lluc es el corazón espiritual de Mallorca y un lugar de peregrinación emblemático situado en plena Sierra de Tramuntana. El origen del santuario se remonta al siglo XIII y actualmente, el complejo es un centro cultural y natural de primer orden que comprende: la Basílica, un impresionante templo renacentista que alberga a "La Moreneta", la virgen negra patrona de la isla; la Escolanía, una de las instituciones corales más antiguas de Europa (los niños cantan diariamente en la basílica); y finalmente, el Museo de arqueología y el Jardín Botánico, con especies autóctonas de la sierra.
La hospedería ofrece una experiencia de alojamiento única, lejos del turismo de masas de la costa. Las habitaciones eran celdas para peregrinos, pero han sido renovadas y se respira un silencio absoluto, ideal para el descanso. No esperes el lujo de un resort, sino una hospitalidad austera, limpia y auténtica en un edificio cargado de historia en un entorno único.
Traslado a nuestro alojamiento en la Hospedería del Santuario de LLuc (55 km, 1 h). Dependiendo de los horarios de vuelo, podremos realizar una primera ruta o alguna visita.
La ruta elegida sería la vuelta a la Moleta de Binifaldó, que parte del propio santuario y es ideal para tomar contacto con el paisaje de la Tramontana.
La vuelta al Puig Roig es una de las rutas más codiciadas de la isla, pues solo es posible realizarla con permiso o en domingo ya que los terrenos, que pertenecen a la familia March, son una reserva especial de acceso restringido.
Para mayor comodidad, la ruta parte también del propio santuario.
El Torrent de Pareis es sin duda una de las rutas famosas de la isla. Requiere tiempo estable, pues si amenaza lluvia es peligroso adentrarse en el barranco, y cierto grado de habilidad de los participantes, pues la ruta es una ruta mezcla de senderismo y barranquismo sencillo, solo practicable en verano cuando está seco, en el que debemos gestionar algunos pasos delicados que requerirán de nuestra habilidad.
El barranco finaliza en la preciosa y angosta Sa Calobra, donde podremos darnos un baño.
Un taxi (incluido) nos llevará al punto donde dejamos la furgoneta.
Hoy nos alejamos de Lluc, rumbo a la parte más meridional de la Tramontana, para conocer las que son sin duda las dos perlas de la isla, las poblaciones de Valldemossa y Deià y las impresionantes montañas que las circundan y que enamoraron al Archiduque Luís Salvador, cuyos caminos recorreremos entre ambas poblaciones.
En Deià tomaremos el bus público (unos 2 €, no incluido) que nos llevará de vuelta a Valldemossa.
El imponente Puig de Massanella domina el Santuario de LLuc y la ruta que planteamos para hoy es la más exigente del programa, no solo por la ascensión a la cima, que haremos por una divertida cresta, sino por el retorno por el Pla de sa Neu y el valle de Comafreda, completando un espectacular recorrido circular con inicio y final en el santuario.
El Barranco de Biniaraix es un cañón cárstico modelado por la acción del agua y limitado por Es Cornadors y la sierra de Son Torrella. Sus vertientes lucen pequeñas parcelas agrícolas con bancales destinados al cultivo del olivo, que a veces se alternan con algarrobos y almendros. Si el Barranco de Biniaraix es una de las maravillas naturales de Mallorca, el camino empedrado que lo recorre es un logro de la ingeniería humana integrada en la naturaleza.
Nuestra ruta finaliza en Fornalutx, uno de los pueblos más bellos de la isla.
En función de los horarios de los vuelos de regreso visitaremos la población de Pollença, cercana a Lluc, y si fuera posible, el centro de Palma.