Bajo el suave sol de octubre, la Provenza se transforma en un lienzo de colores cálidos y serenidad. Cuando el calor y el bullicio del verano se retira, los viñedos del Luberon y las laderas del Mont Ventoux se tiñen de ocres, rojos y dorados, creando un contraste espectacular con el blanco de la roca caliza.
El aire se vuelve nítido y fresco, cargado con el aroma de la leña quemada y la tierra húmeda. Es la temporada de la cosecha: los mercados locales se llenan de setas silvestres, castañas, calabazas y el aceite de oliva recién prensado. Pasear por pueblos como Gordes o Bonnieux en esta época es descubrir su esencia más auténtica, donde el ritmo lo marcan las largas puestas de sol y el crujir de las hojas secas en las plazas empedradas. El otoño es, sin duda, el secreto mejor guardado de esta región francesa.
Comenzaremos con la histórica ciudad de Aviñón, a orillas del Ródano, y al día siguiente, uno de los más intensos, conoceremos la Provenza que todos imaginamos: pueblos colgados, abadías cistercienses, vestigios milenarios. Todo ello será en el macizo de Luberon, una auténtica joya escondida.
Alojados en el encantador pueblo de Castillane, las famosas Gargantas de Verdon serán el foco más montañero del viaje. El río Verdon corta una franja de 25 km de la meseta caliza formando acantilados de hasta 700 metros, con magníficos miradores sobre las aguas turquesas y un intrépido sendero inaugurado en 1930, que con escaleras, túneles y cables salva los estrechos pasos que ha dejado el río. Una ruta difícil de olvidar, considerada una de las más bellas de Francia.
Desde Castellane también nos adentraremos en los paisajes minerales prealpinos de la Alta Provenza, con sus hayedos otoñales y terrenos sedimentarios.
El pintoresco pueblo pesquero de Cassis y las famosas Calanques pondrán el punto final, con sus blancos acantilados y aguas turquesas, paraíso de escaladores y lugar de calas idílicas, donde podremos refrescarnos tras realizar las excursiones.
Una vez en Marsella nos trasladaremos (90 km, una hora) hasta la población de Aviñón, donde nos alojaremos en un hotel en el centro y dispondremos del resto de la tarde para visitar la ciudad.
Esta pequeña ciudad amurallada a orillas del Ródano se convirtió en centro del cristianismo occidental cuando en 1348 el Papa Clemente VI compró la villa y estableció allí su residencia. Otros nueve Papas - y antipapas - aviñonenses le sucedieron en lo que fue su época de mayor esplendor.
Emprenderemos rumbo al Verdón atravesando el PN de Luberon, un compendio de las esencias de la Provenza. Primero nos detendremos en L'Isle sur la Sorgue, una modesta Venecia de la campiña, con innumerables molinos que giran en los arroyos que recorren la población. Seguiremos con la visita del pueblo medieval de Gordes y la abadía cisterciense de Sénanque, rodeada de campos de lavanda. Una preciosa ruta en el corazón del macizo de Luberon será el punto fuerte del día, tras la cual seguiremos camino ya sin más paradas a Castellane, nuestro alojamiento en el Verdon.
Esta ruta es sin duda alguna una de las más bellas de Francia. En 1928 el Touring Club de France comienza a preparar un camino para los excursionistas entre Point Sublime y el Chalet de la Maline y después de dos años de trabajos y la realización de importantes obras, como las escaleras de la brecha Imbert, el sendero es inaugurado en 1930. Al recorrer el interior de este espectacular cañón, que cuenta con escaleras, túneles y algunos cables para ayudarnos en algunos pasos, comprenderemos por qué es merecedora de esta distinción.
Al norte del Verdon, en torno a Digne les Bains, encontramos la mayor reserva geológica de Europa, un espacio natural de claro color mediterráneo donde se pueden ver multitud de aspectos geológicos con facilidad como las losas de amonitas gigantes o el esqueleto fosilizado de un reptil marino. De entre la multitud de rutas posibles, hemos elegido la vela de Faccibelle por la mezcla de preciosos bosques y formaciones areniscas.
Tras la ruta nos detendremos a visitar Digne-les-Bains, la capital de la Alta Provenza.
El contrapunto perfecto al recorrido de la garganta es asomarse a ella desde alguno de los vertigionoso acantilados que la delimitan. Esto es lo que haremos con una preciosa ruta que comienzaen la población de Trigance y alcanza el mirador de Rancoumas.
Dejamos el Verdon y emprendemos la última parte del viaje, de completo sabor mediterráneo, con dos rutas costeras en el Parque Nacional de las Calanques. Una vez llegados al precioso pueblo de Cassis (2 h 30) realizaremos la ruta partiendo del propio pueblo hasta la famosa calanque d'en Veau, una de las más bellas del Mediterráneo.
Al otro extremo de Cassis, casi lindando con Marsella, el abrupto Macizo de Marseilleveyre nos descubre un surrealista entorno de agujas, cuevas y paredes entre los que se cuelan innumerables senderos.
La ciudad de Ax-en-Provence, fundada por los romanos al igual que Nîmes y Arles, tiene un recoleto y agradable centro histórico en torno a la catedral de Saint Saveur, donde pasaremos las últimas horas antes de tomar el vuelo de regreso.