Viajar al noreste de Italia en octubre es un privilegio para el senderista que busca la pureza del aislamiento y que nos permite ser testigos del espectáculo cromático más vibrante del año alpino. El paisaje se transforma en un lienzo de contrastes donde el verde perenne de los abetos resalta sobre el oro encendido de los bosques de alerces, mientras las cumbres más altas empiezan a lucir los primeros y sutiles contrastes de la escarcha y las nevadas tempranas.
Uno de nuestros objetivos serán las Dolomitas Friulanas, sin duda el sector más indómito y salvaje de la decena larga de macizos dolomíticos que se extienden al sur del arco alpino.
Estas montañas son un laberinto de paredes verticales y vertiginosas agujas esculpidas por la erosión, cuyo máximo exponente es el icónico Campanile di Val Montanaia. Caminar por aquí en noviembre implica recorrer valles solitarios y grandes pedreras sin el soporte de remontes mecánicos ni carreteras de alta montaña.
Hacia el norte, dedicaremos tres jornadas a los Alpes de Carnia, la cadena montañosa que establece la frontera natural con Austria. Aquí el paisaje cambia sensiblemente: las crestas afiladas de caliza paleozoica, coronadas por el colosal Monte Coglians, conviven con profundos valles glaciares y barrancos labrados por una red fluvial milenaria. En esta época, los densos bosques mixtos de hayas se incendian en tonos rojizos y anaranjados antes de la caída de la hoja, creando una alfombra natural que cubre una geología fascinante y cargada de fósiles marinos de cientos de millones de años de antigüedad.
Este territorio respira la memoria de la Primera Guerra Mundial; nuestros pasos cruzarán antiguas trincheras, búnkeres y senderos militares que recuerdan el frente italo-austríaco. Es imposible caminar por estos parajes sin evocar la figura de las Portatrici Carniche, aquellas mujeres locales que ascendían descalzas cargando pesadas cestas con víveres para los soldados.
Finalmente, reservaremos una jornada para las Dolomitas Pesarinas, un subgrupo compacto y magnético situado al sur del altiplano de Sappada, en el corazón de la Carnia, pero que geológicamente pertenece al grupo Dolomítico.
Tras el vuelo haremos el traslado por carretera a la población de Ovaro (180 km, 2 h), que será la base de nuestro viaje, salvo la última noche que haremos en Mestre.
El Passo di Monte Croce Cárnico es un histórico y majestuoso paso de montaña alpino entre Italia y Austria, custodiado por los colosales macizos calcáreos del Monte Coglians y el Creta di Collinetta. Este puerto ha sido un punto estratégico clave para el comercio y el tránsito militar desde la época del Imperio Romano, cuando era atravesado por la célebre vía Via Iulia Augusta.
Al oeste del paso, el valle de Val Collina se extiende bajo las cumbres del Coglians, con su precioso bosque de laricios, que dan paso a las praderas alpinas que conducen al Rifugio Marinelli.
Truoi es el nombre que reciben los senderos en el dialecto local, derivado del ladino friuliano, mientras que Bianchi era el apodo de un emblemático guía de la zona, a cuya memoria se dedica este espectacular sendero naturalístico que transita por los bosques y pradeios situados bajo las grandes agujas dolomíticas del macizo de Monfalconi.
Mientras que el nivel B hará el anello di bianchi completo, en nivel A afrontará una versión reducida del mismo, pero no por ello menos interesante.
El Monte Peralba es una de las cimas más emblemáticas y espectaculares de los Alpes Cárnicos, que destaca por su imponente mole de roca calcárea blanca de alta montaña. Su vía normal de ascenso se conoce también como Giovanni Paolo II, quien la ascendió durante unas vacaciones a la edad de 68 años. Pero que nadie se llame a engaño en cuanto a su dificultad, pues Juan Pablo II fue un consumado montañero y de hecho, la ruta exige trepar por zonas de rocas y tramos parcialmente equipados con cables de acero.
Por otro lado, el pequeño anillo del Passo dei Cacciotori, uniendo el valle de Avanza con el refugio de Fortunato Calvi nos reserva algún paso equipado con cable, vestigios de la ferviente actividad minera de la región y espectaculares vistas del Monte Peralba.
La crestas que se elevan al sur de la localidad de Sappada forman parte de un subgrupo de los Alpes Cárnicos conocido como las Dolomitas Pesarinas. Reciben este nombre porque, a pesar de estar integradas geográficamente en la Carnia, sus cumbres están compuestas por la misma roca caliza y dolomía blanca que otorga ese aspecto vertical y escarpado tan típico de los Dolomitas.
En otoño, el telesilla que sube al refugio Siera está cerrado así que echaremos a andar en Cima Sappada y completaremos dos panorámicas rutas circulares bajo los riscos de las Dolomitas Pesarinas.
El Val Fleons es uno de los valles alpinos más salvajes, vírgenes y evocadores de la región de la Carnia. De origen netamente glaciar, este valle se extiende hacia el norte desde la localidad de Forni Avoltri (Pierabech) hasta morir directamente en la cresta montañosa que dibuja la frontera natural entre Italia y Austria.
El Lago Bordaglia, considerado por muchos como el lago alpino más espectacular de Friuli-Venecia Julia, es una masa de agua de origen glaciar, encajonado en una cubeta natural rodeada de alerces, pinos negros y prados de un verde intenso. Por encima del lago, el Paso Giramondo conecta la vertiente italiana del Val Degano con el idílico valle austríaco de Lesachtal. Su poético nombre ("Giramundo") proviene de las antiguas comunidades de pastores y contrabandistas locales que usaban este paso alpino para trasladar ganado, café, tabaco y mercancías de un país a otro de forma discreta a través de los riscos.
El Campanile di Val Montanaia es una de las estructuras rocosas más asombrosas y magnéticas del alpinismo mundial, conocida popularmente como "el grito de piedra". Este colosal monolito calcáreo se eleva de forma completamente vertical y aislada en el centro de un salvaje anfiteatro glacial, desafiando las leyes de la gravedad. Su silueta, perfectamente simétrica y solitaria, lo convierte en el símbolo indiscutible del Parque Natural de los Dolomitas Friulanos.
Esta imprescindible ruta es apta para ambos niveles si se sube al ritmo adecuado, pues incluso en el caso de no llegar al Bivacco Perugini, en la base del Campanile, la belleza del entorno merece completamente el esfuerzo.
Tras la ruta, en lugar de retornar a Ovaro, nos desplazaremos directamente a Mestre (125 km, 2 h), población muy cercana al centro histórico de Venecia y al aeropuerto.