Saariselka es junto con Yllas (Akaslompolo) el gran centro nórdico de la Laponia finlandesa. Situado a casi mil kilómetros al norte de Helsinki, en los confines del Gran Norte, junto a la frontera con Rusia.
Los dos mayores Parques Nacionales de Finlandia se encuentran en su entorno: el Parque Nacional Lemmenjoki y el Parque Nacional Urho Kekkonen, que ocupa el flanco oriental de Saariselka.
Su latitud extrema, por encima del círculo polar, hace que la temporada de esquí en Saariselka dure nada menos que ocho meses, de octubre a mayo. Más de 200 km de pistas son mantenidas con regularidad, de los cuales 35 kilómetros están iluminados, algo imprescindible para los cortos días invernales en los que reina la oscuridad.
La primavera da paso a un ambiente muy distinto, de días largos y luminosos y clima en general estable. Las pistas que se adentran en los territorios más alejados y salvajes, cerradas en invierno, están ahora abiertas y pueden recorresre con garantías de regresar con luz al alojamiento.
El paisaje de Saarielka es el típico finlandés, con sinuosas colinas boscosas que se pierden hasta el infinito, veteadas por ríos cristalinos. Espacios inalterados en los que esquiar en soledad es lo habitual. Salvo otros esquiadores que encontremos detenidos en los cruces, meditando hacia donde continuar, o descansando en un "laavu", los famosos refugios abiertos en los que calentarse al fuego, el resto es naturaleza desnuda en soledad.
Desde nuestro alojamiento en Saariselka, situado al pie de las pistas, podremos dirigir nuestros esquís hacia los cuatro puntos cardinales, sin necesidad de utilizar transportes.
Traslado en bus público que nos dejará en la puerta de nuestro hotel en Saariselka (27 km, 25 min)
El dominio esquiable de Saariselka es muy compacto y no tiene sectores diferenciados propiamente dichos, por mucho que algunas zonas alejadas requieran utilizar un bus público, bien para llegar o para regresar, aunque algunos días saldremos y regresaremos esquiando al hotel.
Nuestro primer día en Saariselkä romperá con el mito de la Laponia oscura. Alrededor del equinoccio de marzo, los días se alargan a un ritmo frenético, ofreciendo más de 12 horas de luz natural. Las duras condiciones del invierno dan paso a jornadas radiantes donde el sol hace brillar los cristales de hielo. La primera toma de contacto con las pistas más cercanas al hotel es una delicia: la nieve se encuentra en un estado compacto ideal y las máquinas pisapistas (latukone) dejan el terreno con una textura de "pana" perfecta que aguanta impecable hasta bien entrada la tarde. Es el día para disfrutar de deslizarse sin prisa, estirando los kilómetros bajo un cielo azul brillante.
Marzo es el mes rey para subir a los altiplanos (llamados Fells o Tunturis). Con la estabilidad meteorológica de la primavera, ascender a fells como Kaunispää o Iisakkipää se convierte en una experiencia segura y espectacular. Al coronar las cumbres desprovistas de árboles, ya no nos recibirá la ventisca del invierno, sino una panorámica nítida de 360 grados que alcanza decenas de kilómetros hasta la frontera rusa. Es el momento de fotografiar los últimos restos de tykky (hielo acumulado en los árboles) derritiéndose lentamente bajo el sol ártico y disfrutar de los descensos prolongados con una visibilidad perfecta.
Aprovechando que la luz aguanta de sobra hasta pasadas las seis de la tarde, el tercer día invita a una ruta histórica tardía por las pistas resguardadas de Laanila y el Valle de Sivakka. Este sector boscoso sigue los pasos de los buscadores de oro del siglo XIX. La ruta Prospektorinlatu nos guiará hasta una mina escuela original del año 1902. En marzo, el calor del sol empieza a entibiar la resina de los pinos centenarios, inundando el bosque de un aroma alpino único. Es una jornada llana, perfecta para relajar las piernas mientras el sol de baja altura tiñe los troncos de los árboles de un color dorado encendido.
Hoy el grupo se adentra en el corazón del Parque Nacional siguiendo las pistas del Valle de Lutto. Aunque marzo trae sol, las temperaturas mínimas siguen siendo invernales, por lo que dominar la cultura del descanso es clave. El objetivo es alcanzar las icónicas cabañas de Rumakuru. En esta época, los porches de estas cabañas Päivätupa se llenan de esquiadores locales que se sientan al aire libre con las caras apuntando al sol para broncearse (el famoso hankikanto). Dentro, la gran estufa de leña nos espera para calentar la comida en un ambiente nórdico inigualable.
En marzo, los cafés de pista como el mítico Savottakahvila o el refugio de Moitakuru viven su temporada alta y despliegan todo su encanto. Ya no hace falta quedarse resguardado junto a la chimenea interior; las terrazas de madera exteriores se limpian de nieve y se llenan de bancos con pieles de reno. Esquiar hoy es una excusa para saltar de café en café disfrutando del ambiente primaveral. El menú del esquiador en marzo cambia ligeramente: al reconfortante kuuma mehua (zumo caliente de bayas) y al korvapuusti (bollo de canela) se le une el placer de comer al sol luciendo las gafas de esquiar.
Al contrario que en invierno, cuando las temperaturas permanecen bajo cero todo el día, en primavera suben de cero por el día y se desploman en las noches despejadas, congelando la capa superficial de nieve previamente fusionada. Esto genera a primera hora de la mañana el Hankikanto, una capa de nieve dura que permite deslizarse con un esfuerzo mínimo. Conviene entonces elegir pistas recién pisadas y fresadas en las que poder aprovechar con seguridad esta textura de la nieve.
Nos trasladamos en el bus público al aeropuerto de Ivalo para tomar el vuelo de regreso.