Presentamos un viaje de senderismo a Dolomitas Centrales, uno de los entornos alpinos más espectaculares de Europa. Durante varios días nos adentraremos en paisajes únicos dominados por agujas de roca, verdes valles y panorámicas inolvidables.
Nuestro campamento base será Moena, un encantador pueblo del Val di Fassa, desde el que nos desplazaremos cómodamente para descubrir cada rincón de esta joya natural.
Latemar, Catinaccio, Pale di San Martino, Marmolada y Sella.
Estos son los cinco macizos que exploraremos en este viaje: uno por día, sin repetir ninguno. Todos se encuentran a poca distancia de Moena, el precioso pueblo del Val di Fassa en el que estaremos alojados.
Elegir los objetivos en un entorno tan espectacular no ha sido tarea fácil. Cada macizo tiene sus propias peculiaridades, pero podemos asegurarte que, en cuanto a las rutas, no hemos dejado nada al azar.
Habrá desniveles importantes, tanto de subida como de bajada; es el precio que hay que pagar por disfrutar de estas auténticas catedrales de la naturaleza. Aun así, conviene recordar que, con un ritmo adecuado, se puede llegar casi a cualquier parte.
La distancia por carretera a Moena es de 260 km (casi todos por autopista), uno de los pueblos más bonitos de la Val di Fassa donde nos alojaremos durante toda la estancia de este viaje.
El Latemar está situado justo encima de Moena, así que nada mejor que comenzar por lo que tenemos más cerca. Aunque reducido de extensión, las cimas del Latemar se elevan por encima de los 2.800 m y sirven de telón de fondo a una de las postales más características de las Dolomitas: la de las aguas turquesas del Lago di Carezza con los Campanili del Latemar detrás.
Las denominaciones italiana y alemana de este macizo dolomítico no pueden ser más descriptivas. El Catinaccio – traducible como la “gran cadena” - por lo afiladas de sus cimas y crestas, entre las que destacan sin rival las Torres de Vajolet. Y Rosengarten – el jardín de rosas- por la belleza de sus prados, bosques y zonas habitadas.
El macizo más extenso de las Dolomitas, el más majestuoso, escenario de gestas históricas y míticas vías clásicas de escalada. Con estas credenciales, quizás te preguntes cómo es posible no haber oído hablar de ellas antes. No es extraño, las Dolomitas son tan desmesuradas que resultan inabarcables.
La Punta Vallaccia es quizás el pico más famoso del subgrupo Monzoni, que se alza poderoso sobre Moena y todo el tramo medio de la Val di Fassa. Si en verano puede acometerse directamente desde Moena, en invierno es más prudente entrar desde el precioso valle de San Nicoló, situado a la espalda.
El macizo de la Marmolada alcanza los 3.340 m y es el único de las Dolomitas con un glaciar de cierta envergadura, circunstancia que lo diferencia claramente del resto. Teniendo como principio y fín el Lago de Fedaia nos introduciremos en el macizo de La Marmolada hasta alcanzar su glaciar y disfrutar de un entorno sin igual en las Dolomitas Centrales.
El grupo de Sella se caracteriza por el gran altiplano que ocupa toda la zona somital y que recuerda mucho a los páramos minerales de las zonas altas de Ordesa. En Sella vamos a despedir el viaje y lo vamos a hacer a lo grande, con la ascensión al Piz Boe, aunque cogeremos un teleférico y le quitaremos desnivel a la excursión.
Llega el momento de regresar, si el horario de vuelo nos lo permite aprovecharemos el día por completo, visitando dos encantadoras ciudades del norte de Italia, Trento y Bergamo. En Trento es imprescindible acercarse a la Plaza del Duomo y a la Via Belezani, cuyos palacios renacentistas de estilo véneto con frescos en la fachada es uno de los símbolos de la ciudad. También visitaremos la parte antigua de Bergamo (la città alta) situada en el alto de una colina, con un entramado de calles que confluyen en la preciosa Piazza Vecchia. Tras la visita de Bergamo nos dirigiremos al aeropuerto.